El grupo comparte especialización en patrimonio industrial, pero proviene de trayectorias distintas que se han ido encontrando por el camino. Su trabajo combina sensibilidad histórica con una mirada especializada en la preservación del legado material y humano de la industria.
A continuación, podréis leer cómo se desarrolla su labor y una reflexión sobre diversos temas, como el punto en el que se encuentra hoy la conservación de los elementos patrimoniales de ámbito industrial, así como la presencia de la mujer en trabajos vinculados a este sector.
A modo de presentación, ¿cómo os definiríais?
Somos trabajadoras autónomas especializadas en patrimonio industrial. Venimos de disciplinas diferentes (Laia y Júlia
vinculadas al patrimonio arqueológico, y Violant especializada en restauración y conservación de escultura), pero nos hemos
encontrado en un mismo punto: la necesidad de preservar el patrimonio industrial con criterios rigurosos.
En Cataluña casi no hay especialistas en este ámbito. Empezamos a coincidir trabajando en el Berguedà, un territorio con
una fuerte presencia de equipamientos industriales, que nos abrió camino en una disciplina aún poco desarrollada. Podríamos
decir que el patrimonio industrial nos unió.
La intervención en la 'Santa Fe' es, en este sentido, significativa. Hasta ahora no existían protocolos específicos para
abordar el patrimonio ferroviario desde criterios estrictos de conservación-restauración, como sí ocurre en otros ámbitos
artísticos o arquitectónicos. Así que esta actuación puede marcar un precedente. Violant, de hecho, fue una de las primeras
profesionales en intervenir en patrimonio industrial en Cataluña con esta mirada metodológica, convirtiéndose en una figura
pionera dentro del sector.
¿Cómo llegasteis al mundo de la restauración?
Laia:En mi caso fue casi una sorpresa. Inicialmente quería dedicarme a la arqueología, pero el camino me llevó hacia el patrimonio industrial. Y es una decisión que celebro. Me ha permitido abrirme paso en una especialidad menos habitual y construir un recorrido propio, en un ámbito que todavía se está definiendo.
Júlia:
Para mí ha sido una segunda carrera. Siempre me ha apasionado la historia y el trabajo in situ. El patrimonio industrial combina ambas cosas. Desde pequeña he sentido fascinación por los trenes; siempre digo que, en otra vida, me habría gustado ser maquinista. Poder trabajar hoy en una locomotora histórica tiene, para mí, una dimensión muy especial.
Violant:
Yo empecé amando la piedra y el patrimonio histórico-artístico que veía en la montaña, en el Pirineo. Recuerdo perfectamente el día en que vi a una restauradora trabajando en un monasterio románico: me impactó profundamente. Quería ser bombera, pero la restauración se convirtió en mi opción B? y finalmente en mi vocación.
¿Qué es lo que más os atrae de este ámbito?
La restauración industrial tiene una dimensión muy tangible. El resultado del trabajo suele ser muy visible, casi transformador, pero podríamos decir que lo que realmente nos mueve es la historia humana que hay detrás.El patrimonio industrial habla de la vida de la gente trabajadora, de la minería, del vapor, del hierro, de las largas jornadas y de los esfuerzos colectivos. Es una historia a menudo invisibilizada, una ?historia desde abajo? que forma parte esencial de nuestra identidad.
Entender el contexto de una pieza, interpretar sus huellas de uso, recuperar su dignidad sin borrar su pasado, es parte fundamental de nuestro trabajo.
¿Cuál ha sido el reto más importante de la intervención?
(Sonríen.) Sin duda, el ténder. Y también la limpieza de la caldera.Inicialmente, la intervención se centraba en la cabina. Pero el tender presentaba problemas estructurales y materiales que exigían una actuación más profunda de lo previsto.
Esto implicó replantear el proyecto y proponer un sistema de impermeabilización y conservación preventiva pensado a largo plazo. La prioridad fue siempre preservar los materiales originales, intervenir lo mínimo indispensable y evitar añadidos que pudieran alterar la autenticidad de la pieza.
Se ha aplicado un tratamiento específico del hierro y se ha diseñado un sistema replicable en otras piezas del Museo, con la voluntad de que esta experiencia pueda servir como modelo para futuras intervenciones.
Uno de los descubrimientos más impactantes fue el entramado de madera bajo el suelo de la cabina. Durante el proceso de fuelización de la locomotora, esta estructura había quedado oculta y afectada. En lugar de sustituirla (lo que habría supuesto perder autenticidad), se optó por consolidarla y estabilizarla, pensando en su preservación futura.
Encontrar restos de uso, materiales latentes, rastros de su funcionamiento, genera una sensación casi física, como si aún respirara?
¿Cómo valoráis la presencia de las mujeres en el ámbito del patrimonio industrial?
En el campo de la conservación-restauración hay una presencia muy alta de mujeres, a menudo también en puestos de responsabilidad. Pero cuando se trata de patrimonio industrial (tradicionalmente asociado a herramientas pesadas y esfuerzo físico), los estereotipos todavía aparecen.'¿Estás segura de que podrás hacer esto?' es una frase que han oído más de una vez.
Trabajamos con herramientas consideradas 'duras' y nos ensuciamos. Es un terreno históricamente masculinizado que, poco a poco, va cambiando.
'Al principio, cuando iba con casco en una intervención, la gente me miraba como si fuera un extraterrestre', recuerda Violant. Hoy, esa imagen es más natural. Y eso también es una señal de evolución.
¿Podéis destacar algunos referentes?
Violant recuerda a una restauradora trabajando en una pintura mural románica que la inspiró profundamente. También destaca la figura de Conxa Bayó, precursora del Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, que inventarió las máquinas de vapor del país, una tarea fundamental para entender y preservar este patrimonio.Júlia señala a Violant como referente directo, y también a su tutora de prácticas, la conservadora-restauradora Mercè Gual.
Laia destaca a Cati Aguer, del Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña, por su capacidad de afrontar grandes retos con autonomía.
En un ámbito donde no hay protocolos establecidos, a menudo hay que trabajar mediante prueba y error. 'No hay fórmulas mágicas. Somos autodidactas y resolutivas.' Y ese reto intelectual y técnico es, al mismo tiempo, uno de los motores de nuestra profesión.
Mirada de futuro
El sector necesita más visibilidad. La restauración a menudo queda en segundo plano detrás de historiadores del arte, arquitectos o ingenieros. En muchos proyectos de restauración industrial en el Estado, ni siquiera hay restauradores al frente.Por eso queremos reconocer especialmente iniciativas como esta, Dones del Tren, que ayudan a divulgar una profesión esencial para garantizar criterios rigurosos de conservación y una mirada respetuosa con la autenticidad del patrimonio.
Preservar no es solo limpiar o arreglar. Es entender, documentar, decidir qué se mantiene y qué se transforma. Es asumir una responsabilidad hacia el futuro.